martes, 7 de agosto de 2012

Oficios casi perdidos


 La inmortalidad de un espantapájaros es casi una locura. Un oficio milenario perdido, sustituido por cedés reciclados. El espantapájaros se aproxima al surrealismo de Dalí, a la magia del Derviche en  punto muerto. Yo siempre quise ser un espantapájaros, de pequeñito cuando me preguntaban medio afirmando los pesados de los adultos, -este niño va para futbolista-, yo respondía que no, que a mi me tiraba la tierra, los cereales.
 Hice las prácticas con mi abuelo, que las únicas patatas que regaba eran de las jovencitas que se pasaban el día en la carretera esperando al novio, ¡eso si que es amor! Mi abuelo me contaba muchas cosas de su juventud. Nosotros los espantapájaros somos un poco curas, un poco amigos, nuestros jefes nos cuentan su vida, sus pecados. Y sobre todo nos exigen que no digamos ni pío de las confesiones. Más tarde, cuando llegaba la noche las parejas venían a escuchar como gemían las estrellas.

 Cuando por fin me dieron el título acabé en un pueblo de secano, en un campo compartido por los vecinos. Pronto me buscaron una novia, la verdad es que tuvieron muy buen ojo, por que enseguida notamos que había algo entre nosotros, y desde entonces que estamos juntos, somos inseparables. Soy muy feliz aquí, tengo el oficio que me gusta, una novia y muchos amigos, casi todos niños que vienen a vernos todos los viernes para que les cuente historias sobre otros espantapájaros. Luego, los sábados animo las tardes de los adultos dando vueltas como un derviche con la entrañable composición musical de los grillos.
 Pero nuestra pena más grande es ver como el tiempo transcurre y los amigos se van, es lo que tiene la inmortalidad, que tú sigues igual, sin arrugas ni dolores, somos tan olvidados que ni siquiera la muerte nos presta atención, a veces incluso, cuando pasa junto a nosotros se asusta y apresura el paso. Nuestra inmortalidad es casi una locura, pero sabemos llevarla, forma parte de nuestro oficio.

3 comentarios:

Domitila Yeti De Las Nieves dijo...

Interesantes textículos. Se adivina entre sus líneas la autoría de un espíritu celeste, pero también el peso de una sombra terrenal ligada al dios Pan.

Dese una vuelta algún dia por mi consultorio.

Domi.

Anónimo dijo...

Bueno.. a mi lo que mas me gusta de la inmortalidad es que uno puede tener varias personalidades y en diferentes tiempos en diferentes vidas, y bien particulares... en una vida he sido princesa..tambien Bailarina, tambien pitonisa,tambien fui virgen y tambien he sido otras ... En este mismo instante no se si existo o soy ficticia o soy una ficticia real..

kiko martinez dijo...

Creo que eres ficticia, por eso nos gusta sentir al revés