sábado, 21 de mayo de 2011



Caperucita roja apenas ve a su abuela
cuando va a verla es para pedirle dinero
su abuela no puede moverse de la cama
está incapacitada por las palizas del abuelo
de lo que se aprovecha caperucita descaradamente
tú me das dinero y yo te doy de comer
menuda guarra chantajista.

No sabes Caperucita lo enamorado que estuve de ti
lo eras todo para mi
me escapé de casa
atravesé dimensiones espaciales y temporales para estar contigo
me jugué la vida por ti
me daba igual ser el malo del cuento
y para qué
para nada
todo era mentida
estabas interpretando un papel
una cosa si es cierta
eres la mejor actriz del mundo

el papa de Caperucita roja tiene una plantación de negros
Caperucita Roja elige a los mejores
se los folla
luego los devora como una amantis religiosa
pone los huesos en la cestita
y la mar de contenta
saltando por los caminos
los lleva a casa de los tres cerditos
que vaya unos también

se los vende a un precio razonable
a los cerditos les interesa comprar por qué tienen una tienda
venden los huesos de negro como amuletos
caperucita nunca ha entendido
por qué los huesos de los negros son blancos

con el dinero de la abuela y de los cerditos
quiere construir un campo de concentración
para todos los niños que lean el cuento

con mucho desamor tu lobo

sábado, 7 de mayo de 2011




Busco la desesperación en un rostro conocido, un dolor, el cual plasmar miserablemente sobre el lienzo, convertir un sentimiento depresivo en una vulgar ráfaga de colores.

Alguien que sienta la misma mierda que yo, con el que compartir unas cuantas borracheras, un mal polvo y qué sé yo. Mis emociones son grises, forman parte de una profunda oscuridad, anacrónica y extraña. Suelo conversar a solas con una pared manchada por la moda casi horrible de los años setenta que ahora vuelve, tonos anaranjados con florecitas rupestres con una perfecta simetría. Le cuento los tiempos de alegría de los años precoces, en que reía por cualquier cosa y las nubes no me atiborraban el cerebro. Le tocaba el culo a las niñas, cazaba insectos, robaba cerezas. Y que empecé a dibujar gracias a las aburridísimas clases de mates. En quinto me enamoré de una pija, en sexto pinté mi primer cuadro, en séptimo empezó a mendigarme el nubarrón, luego la vida murió.

El pincel es mi único consuelo, su movimiento me proporciona una leve alivio, una leve caricia. Deja de importarme las grietas de la soledad, los orgasmos fingidos al otro lado de mi corazón, el pincel flotando inexplicablemente entre las yemas de los dedos, el pincel que me mira incrédulo cuando cree que me equivoco, el pincel que tira hacia abajo cuando yo tiro hacia arriba, el pincel que grita de horror cuando lo maquillo de rojos y negros, el pincel que me hace una mamada para ver si me relajo y lo dejo en paz, el pincel que me da cuerda hasta el alba.

Entonces me asomo al día que entra de reojo, que penetra sigilosamente por la excitación de la noche, duermo en el insomnio, despertando por las mañanas con las manos enjabonadas de pigmentos, la noche es para los pinceles, el día para beber como un loco. Por las noches gano una batalla, durante el día lo pierdo todo.