viernes, 25 de marzo de 2011



Esta mañana muy temprano me he encontrado con una bomba atómica en el jardín, creo que no ha explotado y la cabeza está enterrada entre los rosales. Mi intención es devolverla a las autoridades, pero un vecino me ha dicho que no la devuelva. Que él conoce a gente que estaría dispuesta a comprarla, que ahora mismo los avisa. No sé que utilidad le pueden sacar a una bomba atómica sin explotar. Esperaré a ver que oferta me hacen. No tuve que esperar mucho, al cabo de dos minutos vinieron a mi casa unos tipos muy extraños, liderados por un tío encorbatado muy elegante con un palique de miedo, y que se me presenta sin ninguna vergüenza como diputado de las cortes. Estaba bien claro con quien hay que negociar. Bueno, les dije, que se les ofrece. El político con aires de sobrado me pone la mano en el hombro y me dice, usted parece un buen hombre, un hombre sencillo que no quiere meterse en problemas e imagino que su primera prioridad es su familia. No por favor no se asuste que no es ninguna amenaza, lo que le quiero decir es que le podemos solucinar la vida a usted y su familia si hace lo que tiene que hacer y no dice ni pio. Joder el tío va al grano, aunque no tiene ni puta idea de nada. Le agradezco su sinceridad, le digo, pero tiene que saber que no tengo familia, que mi mujer y mis hijos murieron en un accidente de coche, que a mis padres los secuestraron la guerrilla colombiana y mi único hermano murió absorbido por la gravedad de una sicópata. Bien ya ve usted que no tengo nada que perder. El político y los tíos cachas que lo acompañan se quedan algo estupefactos, incluso a uno de ellos se le escapa una lágrimita de su ojo izquierdo, seguramente que su ojo izquierdo lo tiene más sensible que el derecho, pero esta es una reflexión que ahora no viene a cuento. El político en un acto misericordioso me da un fuerte abrazo, acompañado de las típicas palmaditas de resignación en la espalda. Lo siento amigo mío, me dice, estás bien puteado, ya has sufrido bastante, vamos a ser muy generosos contigo, ya has tenido suficiente dolor. El político me extiende un cheque por un valor que sobrepasa y multiplica el valor de la mejor bomba atómica de segunda mano del mundo. Le agradezco la sensibilidad y delicadeza, han sido muy compresivos, les digo, da gusto negociar con ustedes, se nota que son personas sensibles. El político da un par de instrucciones y los tíos cachas cargan la bomba atómica en el furgón, nos despedimos con un fuerte apretón de manos. Los voy saludando hasta perderlos de vista.

Con que aún es muy pronto y tengo sueño aprovecho para intentar dormir un poco más, antes le doy un vistazo a los niños. Me meto en la cama, mi mujer medio despierta me pregunta si pasa algo, no cariño, le digo, todo está bien. Por cierto guapo, me dice, acuérdate de que esta noche vienen tus papis y tus hermanos a cenar, si cariño me acuerdo. Otra cosa guapa, le digo ¿Te acuerdas de aquella casa que vimos el otro día? He estado haciendo números y creo que la podemos comprar.

viernes, 11 de marzo de 2011



Ayer estuve en una subasta y adquirí una caca por un valor incalculable. No se trata de una caca cualquiera, es una pieza disecada del mismísimo Marc Chagall. Según la casa de subastas, cuyo nombre voy a guardar en el anonimato, la caca la hizo en un bar, un camarero espabilado se hizo con ella, se desconoce exactamente como, pero el caso es que se la quedó la disecó e hizo el negocio de su vida. Se la vendió a un forense aficionado al arte, que para constatar que se trataba de la caca del mismísimo chagall profanó la tumba de éste para cortarle un trozo de tejido y así compararlo genéticamente con la mierda.

Una vez demostrada la evidencia, el forense se hizo de oro cediendo la caca a los mejores muesos del mundo, los críticos no tardaron en estar de acuerdo, si, estaba claro, la caca del artista era la esencia absoluta del arte sin querer hacer arte, el camarero la convirtió en arte al darle el valor que se merecía, sin duda alguna, se trataba de un instante de esfuerzo e intimidad del artista. En definitiva, hacer del arte una nueva dimensión creativa, no, más que una nueva dimensión, una nueva tendencia artística llamada Cacaismo. Simplemente fabuloso, grandioso.


Yo lo que hice fue enmarcarla y ponerla junto a los lienzos de Picasso y Modigliani ¡Dios mío! Qué bien quedaban las tres piezas juntas. Menudo espectáculo. Todo el mundo quería venir a mi casa a contemplar la plasticidad y equilibrio escultórico de la obra. Era tanto el éxito que decidí covertir mi casa en un museo y pronto muy pronto recuperé la inversión y lo reinvertí en nuevas piezas nacidas del Cacaismo como por ejemplo la orina congelada de Barceló, el semen deshidratado de Sánchez Dragó o los mocos cristalizados de Charlie Sheen ( con restos de coca), en fin, obras que forman parte de una nueva visión del arte, provocativo pero muy humano y sincero. Está claro que soy un visionario y que gracias a mi los artistas pueden experimentar sobre si mismos.