viernes, 17 de septiembre de 2010


Desde hacía algún tiempo que me propuse un objetivo, buscar uno de los oficios más repugnantes del mundo. Tuve suerte por qué di con él. De viaje a Zaragoza paré en un área de servicio, fui al lavabo y allí estaba el anuncio, sobre el mismísimo váter, "Se busca persona para limpiar los retretes, abstenerse escritores fracasados". Obviamente la última parte no la tuve en cuenta y me puse manos a la obra.
No hizo falta currículum, le expliqué a la encargada que por favor no fuera machista y le diera el trabajo a una chica. Que cumpliría con los objetivos de la empresa con total entusiasmo.
Al día siguiente ya estaba trabajando doce horas diarias limpiando la mierda de los demás, me sentía lleno, realizado. Enseguida me gané el respeto de los compañeros de trabajo (camareros, cocineros, gasolineros, etc). Los lavabos nunca estaban sucios, brillaban, daba gusto cagar y mear.

La voz corrió por toda la autopista, los camioneros, comerciales, en definitiva los asiduos a esa autopista tomaron por costumbre detenerse en esta área de servicio, sólo para cagar, mear, lavarse las manos, echar un polvo con alguna puta de la zona, valía la pena, daba gusto. Y ya de paso, echaban gasolina y comían alguna cosa en el restaurante. Por eso el jefe, si el jefe, no el encargado, me llamó un día a su despacho para decirme que me subía el sueldo, que daba gusto tener gente tan implicada, yo le dije que no hacía falta, que yo disfrutaba limpiando la mierda incrustada en el interior del retrete, que no hacía falta, pero él insistió. Ahora cobro 750 euros limpios, 80 más que antes ¡Eh qué es fantástico! Haces el oficio que te gusta y encima te lo valoran, que más quiero...

Y encima hice buenos amigos, eran habituales del lavabo, que no del área del servicio, maricones que se pasan el día meando y que tienen como prioridad la polla del vecino. Son buena gente un poco enfermos de acuerdo, pero no hacen daño a nadie. Son personas introspectivas, reflexivas, con sus propias teorías sobre la existencia humana. Por poner un ejemplo, Pedro (para preservar su identidad se trata de un nombre ficticio) tiene una muy interesante teoría sobre las pollas y la potencia de la orina. Me cuenta que un tío con una meada fuerte y abundante es un tipo sano con una buena próstata, yo le digo que igual hace cinco horas que se está aguantando el pis, pero Pedro un tío con argumentos para todo me convence, mira Federico (mi nombre es ficticio para preservar mi identidad) si tuviera una mala próstata haría una orina lenta, con intermitencias, señal que su próstata está tocada, y quien se cuida no suele tener problemas ni de próstata ni de salud, se aguante la orina una o siete horas.

Pero la cosa no acaba aquí, no que va, prosigue contándome que el tipo que se coge la polla con toda su mano, con su puño con energía, se trata de alguien seguro de si mismo, que sabe controlar hasta la última gota. En cambio el tío que se la coge con los deditos es inseguro, no controla nada, quiere acabar rápido. Son las señales que nos describen la personalidad de cada uno.

No sé, yo escucho, ya digo, son teorías extrañas de personajes que viven al margen del resto, seguramente son los personajes que necesito para mis historias, tan reales como yo mismo. Me voy a limpiar.

1 comentario:

Buddy Silverton dijo...

Genial. En su línea habitual de personajes desquiciados. Tendría que hacer un recopilatorio con los más extravagantes.