sábado, 22 de mayo de 2010

He ido a verla otra vez, no dice nada, mira el techo y a veces sonríe. Le explico cosas, lo que he hecho durante la semana, de como de grande está el pequeño que no para de preguntar por su mama.
Le cojo de la mano esperando que su mano apriete la mía, pero no lo hace. Le beso la frente que sabe a hospital, le acaricio las cicatrices mientras ella me señala el techo y se pone nerviosa, tranquila le digo no pasa nada, todo está bien, pero no es suficiente, empieza a gritar a moverse compulsivamente, se vuelve loca, los celadores reaccionan enseguida, una enfermera consigue ponerle la camisa de fuerza, está ida ¡Dios mío! Qué te ha pasado, como has llegado hasta aquí, no lo entiendo, estabas bien, eras feliz. Y un día te fuiste para siempre, era un domingo, te despertaste y ya no dejaste de mirar el techo...

El médico me consuela, estás bien me pregunta, estoy hecho una mierda, no puedo más, no entiendo nada le digo, él no sabe darme ninguna explicación, la ciencia no la tiene, me dice lo de siempre, la mente de vez en cuando tiene estas cosas. Al cabo de un rato se queda tranquila, me siento a su lado, le digo que la quiero, que la necesito, que la necesitamos joder, que no podemos estar sin ella ¡Ponte bien por lo que más quieras!
Los amigos quieren prepararte una fiesta sorpresa para tu cumpleaños, no sé si es buena idea. Te acuerdas de peter, si el escocés, se ha enrollado con un tío veinte años más grande que él, Elena, tú amiga del alma espera gemelos, quien lo iba a decir, ella tan liberal y tan moderna, ya la ves con dos críos y los que vienen, está hecha una madraza.

Suspiro, callo, una enferma se acerca y me acaricia la cabeza, miro a la enfermera y le digo a la enfermera con gestos que no pasa nada que no me molesta. Hacía meses que nadie me acariciaba.