sábado, 24 de octubre de 2009

Necesito con urgencia un tentempié. Me meto en el primer bar que encuentro, es muy cutre, pero es lo que necesito. Pido un vodka con limón, le pregunto al camarero si hay alguna chica que me pueda sacar de un apuro, me indica con la cabeza a la izquierda. Efectivamente, junto a una pequeña mesa una mujer muy gastada, me mira y sonríe mientras se saca y se mete el dedo en la boca, me acerco a ella, le digo que quiero alquilar su boca aproximadamente quince minutos, ella asiste, ven acompáñame. La acompaño hasta una pensión de mala muerte. El portero, o quien sabe si el propietario o el chulo, nos mira dando el visto bueno a la mercancía. Dos minutos después estamos en una habitación con vistas a un vertedero de basuras. Como te llamas, le pregunto, Violeta, me contesta.
Me bajo los pantalones, ella sin apenas inmutarse pone su boca en mi polla, un par de veces se recoge los cabellos, es entonces cuando me doy cuenta que tiene las manos de tío. ¿Eres un tío?. Él asiste sin apenas sorprenderse por el descubrimiento, yo, en mi estado prefiero no sorprenderme tampoco, visto fríamente, la sensaciones son las mismas que si la boca fuera la de una mujer. Supongo que la felicidad no debe medirse sobre la perspectiva de una boca masculina o femenina. ¿Cuál es tú verdadero nombre?. Le pregunto. Manolo, me contesta.
La felicidad debe ser un estado efímero, pasajero, ¿qué pasaría si fuéramos felices todo el santo día?. Sería insoportable. Si para curar la depresión nos atiborran con antidepresivos, para curar la felicidad nos recetarían “antifelacitivos”. Ya veo al siquiatra y al paciente, bellísima escena de amor, verá doctor, le dice el paciente al siquiatra, no puedo más, me siento tan jodidamente feliz que no sé que hacer, no puedo más doctor, ayúdeme. El siquiatra que es un tipo altruista y bueno, sobre todo, a la hora de cobrar, le aconseja que se la mamen, que se tire de un puente, o bien, que se envenene con las picadura de una cobra, sabios consejos.
Existen paradojas al respecto, todos sabemos que el dinero no hace la felicidad, pero todos lo deseamos y cuanto más mejor. Todos queremos tener una pareja estable con la que compartir las tonterías del día a día, pero cuando la tenemos deseamos a todas las demás. No será que la felicidad es una paradoja tras otra, una confusión tras otra. En sentido contrario hay un gen que predispone a la depresión, hace poco lo leí en las paredes de un váter. Ese gen tiene la capacidad de cambiar, de modificarse según el entorno donde se desarrolla, es decir, que si yo convivo con depresivos ese gen será de una manera, pero en cambio, si me muevo en un entorno de personas alegres y más o menos felices, el gen se modifica por si sólo.

Violeta, Manolo o como diablos se llame tiene pinta de meterse grandes dosis de felicidad. Sus ojeras son una metáfora, está tan consumido que en cualquier momento tropezará con la gravedad. Me corro sin demasiados cumplidos.

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