viernes, 11 de septiembre de 2009

Si la bebida es el ocaso el té es el alba de un manicomio sacudido por un matamoscas disfrazado de siquiatra. Que una vez al día viene a verte con una sonrisa de operador turístico. La enfermera que lo acompaña es algo mayor para ser una viejecita, apesta a L'oréal antiarrugas, debe ignorar que el oxígeno que nos da la vida la está arrugando, la oxida irremediablemente.

El siquiatra siempre me pregunta lo mismo, por qué la línea espacio tiempo es curva, yo siempre le contesto lo mismo, por qué si viviéramos a la velocidad de la luz L'oréal entraría en suspensión de pagos. Ya sé que no es una respuesta coherente, pero la pregunta es casi tan vulgar como los vellos púbicos de un agujero negro. A continuación el siquiatra me pregunta por mis estudios. Y digo yo, que tendrá que ver mis estudios con mi locura.
Verá usted, le digo, no tengo estudios, los olvidé en las sábanas de una catedrática de anatomía, cuando volví a buscarlos ya no estaban, la portera me dijo que la catedrática había huido después de robarle todos sus cotilleos. De que le había servido ahorrar tantos cotilleos como una esclava, para que una intelectual cleptómana se los robe. Qué será de mis hijos, al menos con mis cotilleos podían haber ido tirando.

La enfermera le dice algo al oído, el siquiatra asiste mientras le mete la mano entre la falda, y ella cambia su rostro, se chupa los labios y gime. No, esto último me lo estoy inventando, parece real pero no lo es, no puede serlo. El siquiatra me mira, sonríe, lo que estás viendo no es real, aunque lo sea, ella se va a correr en mis dedos y tí creerás que es una alucinación. Debe tratarse de un tratamiento muy innovador. El siquiatra me pregunta que siento con esta alucinación. Le digo que no somos capaces de construir un cemento similiar al que fabrican las termitas mezclando saliva y fango. La enfermera se corre, el siquiatra se mosquea, que coño me estás diciendo tío, me dice, saca la mano del meteorito de la enfermera y sin más le pega dos guantazos, la enfermera se cae al suelo, dime loco de mierda, que sientes con esta alucinación. La enfermera sangra por la nariz, el siquiatra llama a dos enfermeros que entran corriendo y les explica que he agredido a la enfermera, miro a la enfermera, no dice nada, simplemente asiste dando la razón a su jefe.

El siquiatra me receta tres dosis de descargas eléctricas, una antes del desayuno, otra después del desayuno, y una más después de vomitar el desayuno. También me receta una taza de té al final de la tercera descarga, el té de un alba con sabor a matamoscas. Luego la enfermera entra en mi cuarto y me hace una alucinación completa.Todos los días son así, exactamente iguales.