jueves, 27 de agosto de 2009


Tengo una amiga que se ha operado las tetas, me cuenta que las primeras semanas apenas tenía sensibilidad, que por mucho que se las tocaba su novio no había manera de sentir nada de nada. Me pidió consejo a mi que presumo de ser una eminencia en tetas. Como soy un profesional, un tipo serio, que no opina hasta que no experimenta, le pedí que me dejara observar y tocar sus tetas, que no podía dar un dictamen hasta comprobar y valorar los hechos. No dudó ni un momento, se bajó el vestido y allí estaban sus tetas, perfectas, desafiando la gravedad, redondas como la sonrisa de un payaso. Disculpa, me dijo, nunca llevo ropa interior. No importa, le dije, estoy acostumbrado.
Fui directo al grano e inicié la exploración, primero toqué, el tacto es fundamental, es la primera toma de contacto, luego olí, las feromonas también son imprescindibles, las últimas investigaciones han demostrado que las feromonas juegan un papel determinante en la atracción física, pero bueno, este es otro tema que hoy no toca, pero aclaro, unas tetas sin olor son dos montañas sin vegetación, son un desierto. Por último, las chupé, mi lengua se puso dura y le penetró los pezones que seguían sin reaccionar. El caso es grave, le dije, hay que ir más allá en el tratamiento.
Ella asistió. Has lo tengas que hacer, me dijo. Hay momentos en la vida que hay que tomar decisiones drásticas. Este es uno de esos momentos, nuestra amistad va más a allá de una agradable conversación. Es el momento de sacrificarme por ella, de dar mi vida si fuera necesario. Ella lo sabe, confía en mi y se deja hacer, está en muy buenas manos.

1 comentario:

Gladys Guerra Barbaran dijo...

Me encantan los finales inesperados....