sábado, 4 de julio de 2009


Son tus pies los que vi por primera vez sobre el escenario, los que embobaron mis sesos, los que se corrieron sobre mis ojos, empanados por tu compás.
Cuando te hice esta foto yo no estaba, estaba en un bar tan borracho que no sabía distinguir entre un elefante y un elefante. Es mi estado natural, nací así.
Tus pies interpretan Ofelia, que se ahogan en la escena. Te veo deslizarte sobre la gravedad, gesticulando mis impulsos erguidos bajo el pantalón de tu falda. Tus manos son una delicia, unas manos que no saben interpretar son una pérdida de tiempo, quiero acariciar tus pies con tus manos. quiero despertarme en tu sueño, quiero sentir tu olvido en mi boca. Quiero conocerte.

Te esperé en la puerta del teatro hasta las tantas de tantas veces. Pero con qué no me hacías ni puto caso, decidí colarme por el puente de tus pies y así dormir contigo haciéndote cosquillas. Poco a poco fui capaz de salir de mi escondite, sacaba la cabeza por tus dedos, había veces, incluso, que me atrevía a pintarte las uñas.
Toda lucha tiene su recompensa, dejé la bebida, (provisionalmente) te fijaste en mi una tarde de librería. Me dijiste que el libro que estaba ojeando era muy bueno, sabía que era tu preferido, por eso lo escogí y te llevé la contraria, ya, le dije, pero este autor era un borracho obsesionado por las actrices "shakespeareanas" ¿Así? Se sorprendió. Veo que sabes mucho del autor, cuéntame de él mientras cenamos, me ordenó.
Le conté la vida del autor que en realidad era la mía. Cuando me dijo que le contara la mía, le conté la del autor. Me sonrió, mezcló los dedos de sus manos con los míos y me dijo.- Soy actriz y me gustaría fingir que no has estado nunca viéndome actuar ¿Quieres saber a que sabe la locura? Ven y olvídame...