viernes, 8 de mayo de 2009

La primera vez (III parte)


Mi madre era bailarina, nos abandonó cuando apenas tenía cuatro años. Se fugó con un tal nureyev. Mi padre nunca se recuperó del golpe. Se pegó un tiro.
Mi abuelo se hizo cargo de mi hasta que la poli lo pilló comiéndose el sexo de un negro, era su marca, la prueba indudable de que era el ejecutor. Descuartizaba ordenadamente por extremidades y órganos. Al final devoraba el sexo. Lo condenaron a cadena perpetua. Se ahorcó hace unos meses, creo que no soportó la humillación de los otros reclusos. Le he preguntado por qué lo hizo pero no me lo ha querido contar.

Mi mujer no sabe nada de esto, ella cree que soy huérfano, que me adoptó una familia que me dio todo lo que un hijo necesita, hasta que murieron en un accidente de coche. Se supone que soy un forense de prestigio.
Casi son las once cuando ella llega a casa. Estoy escondido bajo su cama, la oigo ir de un sitio a otro. Cuando llega al cuarto está descalza. Deja caer el short de cuadros y la blusa sobre el suelo. Se sienta sobre la cama, une la planta de los pies, un leve silencio, se reincorpora y desaparece por la puerta. Suena el agua de la ducha, la espero, vuelve a la habitación, me ve sentado sobre su cama. Es interesante que la víctima vea a su verdugo. Antes de que grite salto hacia ella, le cojo del cuello y se lo rompo, es un movimiento limpio silencioso y contundente. Las herramientas quirúrgicas y el ácido hacen el resto. El abuelo contempla la escena orgulloso, complacido. Al cabo de tres horas no queda nada excepto la luz que entra por el balcón.

Un sicópata suele dejar una pista, una firma, como la de mi abuelo que mencioné hace un momento, en mi caso, escojo una prenda, la que más me gusta, en éste caso son una braguitas blancas con una flores deliciosas, escribo una poesía sobre ella, obviamente se trata de una poesía leve (la breve prenda no da para más), pero llena de sensibilidad y delicadeza. La dejo sobre una mesita colonial ¿Exhibicionismo? Por supuesto, hay que dejar una pista, que la creación sea intuida si no puede ser vista, carecería de sentido. El artista por encima de cualquier cosa es un egocéntrico que lo único que le interesa es que se hable de su obra.

Satisfecho estoy apunto de irme cuando la foto de un marco me llama la atención. Una mujer guapísima sonríe. El corazón se me pone a mil por hora. No puede ser me digo una y otra vez, es imposible. Debe tratarse de un parecido increíble. Saco la foto del marco, le doy la vuelta y leo, me mareo, me siento sobre el peso del azar. Acabo de matar a mi hermana. Esta fue la primera vez.

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