martes, 31 de marzo de 2009

Agradecimiento

Tengo suerte de estar poseído por un sicópata, de no distinguir entre el bien y el mal. Ya me lo decía mi madre, hijo mío cuando seas mayor dedícate a la sicopatía como el abuelo.

Y efectivamente, una noche de invierno, a mis inquietos quince años se me apareció mi abuelo, se me metió dentro, no del culo quiero decir (ese es otro tema que no viene al caso, al menos hoy), si no del cuerpo. Antes me dijo que no tuviera miedo, que él se haría cargo de mi. Y así fue, yo hasta entonces era un cero al revés, a partír de ese momento fui el mejor en todo, el que mejor notas sacaba, el más educado, el más bondadoso, el más atractivo. Vaya que era imposible que se me viera como lo que realmente era.

El abuelo lo tenía todo controladísimo, estudié criminología y medicina, siendo el número uno de mi promoción en ambos casos. Ya sé que se suena a tópico, quiero decir que puede parecer un tópico sacado de cualquier libro que el buen sicópata es un médico o cualquier otra cosa que se le parezca. Pues así es. Un sicópata debe conocer como nadie el cuerpo humano. Pero antes de llegar aquí me pagué los estudios trabajando de carnicero. Aprendí muchísimo, diseccionar bichos es básico para esta profesión, por qué, no nos engañemos, ser sicópata es un oficio, una disciplina artística a la que hay que dedicar todo el tiempo.

Eso no quita que tenga una agradable vida familiar, una esposa guapísima, dos niños que son mi vida. Un buen trabajo y una vida social llena de buenos momentos. todo gracias a mi abuelo. Gracias abuelo, no te olvidaré nunca.

2 comentarios:

Buddy Silverton dijo...

Está bien pero cortas demasiado pronto, querido. Creo que la idea merecía una ampliación del desarrollo. El comienzo es muy bueno.

letras de arena dijo...

Creo que Buddy tiene razón. Me gusta mucho la idea, le puedes sacar mucho partido.
Un saludo.