martes, 17 de febrero de 2009



Hay mujeres con bigote de hombre
hombres con bigote de mujer
hay mujeres con la pasión de un loco encerrado en un termómetro de mercurio
hay hombres con la pasión de un termómetro encerrados en un loco
ambos géneros pueden masticar los huesos del cielo
o pueden esconderse en un nido putrefacto
ambos pueden compartir las pupilas esqueléticas

Hay mujeres que son capaces de saltar de un trapecio y caer de pie
Hay hombres que son incapaces de caer de pie sobre un trapecio
pero ambos pueden encontrarse a medio camino
narrando los ombligos del mundo
compartiendo un instante de amargura
una sonrisa sin dientes

lunes, 2 de febrero de 2009

No me gusta verte ahí sentada, tú lo sabes, pero te encanta hacerme enfadar. Mira que te lo digo, aquí hay mucha corriente, te puedes costipar. Pero tú a lo tuyo, te fumas el cigarro y te lanzas al vacío. Entonces salgo corriendo a buscarte, pero cuando llego abajo no estás, te has ido. Eres más rápida que yo y eso que pillo el ascensor, pero claro, son doce pisos.

Luego no sé nada de ti, te busco, le pregunto al librero, a la vecina que lo sabe todo, al pintor que lleva tres días haciendo que pinta y a unos cuantos transeúntes que justo pasan por aquí. Pero nadie sabe contestarme. Nunca quisiste decirme donde vives ni tú número de móvil, nada de nada, simplemente llegas al anochecer, llamas al portero automático y me dices que me quieres en voz baja. Te abro la puerta, que le voy hacer, no tengo más remedio por qué el corazón me da un vuelco tan grande que sería capaz de escribirle un poema de amor a Bush.

Mientras te espero hago un taller intensivo de besos y cuando al fin llegas, sonríes inclinando un poquito la cabeza, encogiendo los hombros, bajando un pelín la mirada. Me quedo atontado, mirándote, sabiendo que no tenemos futuro, preguntándome como te lo montas para que la gravedad no te afecte. Hoy te prometo que me quedaré para ver como llegas hasta el final.


Follamos como si fuera la primera vez, follamos sobre la hipótesis de que pueda ser la última, me siento ella sintiéndome yo. Acabamos, dormimos un poco. Cuando me despierto ella no está, siempre es así, se cumple el mismo guión. Salgo a la terraza y allí está sentada en el borde, enfrentándose al vacío, al asfalto que la espera con una pancarta línea blanca.

Le digo que no me gusta verla ahí sentada, es peligroso, te juegas la vida por nada. Soplas tres círculos de humo, si, te han quedado muy bien, te gusta hacerme enfadar. Te acabas el cigarro, pones el culo de puntillas, dices adiós con los dedos y te lanzas al vacío. Esta vez me quedo, me asomo para verte caer, para adivinar como eludes la gravedad, pero por algún motivo inexplicable no la eludes y caes al asfalto.