miércoles, 7 de enero de 2009

La evolución de la humanidad no es más que un cúmulo de casualidades, o peor aún, de accidentes, es decir, es una entropía que significa más o menos una falta de orden, un cierto caos sin apenas sentido.Ya es sabido que la selección natural es la adaptación animal a un entorno determinado gracias a una serie de mutaciones aleatorias. Por poner un ejemplo para que nos hagamos una idea. Supongamos que un individuo nace con una mutación, imaginemos que esa mutación son unas uñas muy particulares, pero que gracias a ellas tiene una gran facilidad para subirse a los árboles. Sigamos imaginando que éste individuo forma parte de un grupo de nómadas que son perseguidos por unos terribles depredadores que los están exterminando. Nuestro protagonista se da cuenta que puede subirse a los árboles con extrema facilidad gracias a sus uñas, lo que le salva continuamente de los ataques de sus enemigos. Mientras que sus compañeros van muriendo poco a poco.

Imaginemos que este grupo de nómadas son esencialmente una sociedad polígama por lo que nuestro protagonista tiene abundante descendencia. Y que parte de esa descendencia nace con la mutación particular de las uñas. Los que no han nacido con ese cambio genético mueren al cabo del poco tiempo devorados por los temibles depredadores, en cambio, los otros sobreviven subiéndose a los árboles.

Pasadas unas cuantas generaciones todos tendrán las nuevas uñas, y que, gracias a un accidente genético se adaptarán mejor al medio.Pues bien, yo nací con una mutación genética que me facilita las cosas para adaptarme a todos los bares por los que paso. Ya pueden darme todo el alcohol del mundo que no hay manera de matarme, bueno, es cierto que tengo el hígado un poco inflamado, pero nada más. Bebo y bebo gastándome hasta el último céntimo de la nómina de mi mujer.

Cuando llego a casa de madrugada cansado de beber, por qué éste es un oficio muy duro al que hay que dedicar muchas horas, despierto a mi mujer para darle un beso y un par de hematomas, un día de estos la echaré de su casa.
Ella siempre me reprocha lo mismo, que si la bebida que si el trabajo que si no sé qué. Yo no tengo la culpa de tener una alteración genética que me hace inmune a la bebida, que más quiere, encima que estoy con ella.

Sinceramente, si la aguanto es por la descendencia, quiero tener hijos con mi gen mutado, para que sean fuertes en este mundo de mierda, y que perpetúen una nueva especie que hará de los bares un lugar de peregrinación santa, como debe ser.

1 comentario:

letras de arena dijo...

Me ha gustado mucho, sorprende, está muy bien llevado y el final te deja pensando lo necesarias que son las mutacones en este asco de mundo.
Un saludo