viernes, 16 de enero de 2009


En uno de mis tantos viajes a la luna comparto asiento con un científico alemán. No sé quien rompió el hielo, si sé que todo empezó como casi todas las conversaciones de este mundo, hablando del tiempo. Que si el tiempo es curvo y que la gravedad ha hecho subir las temperaturas una barbaridad. Que si se espera una borrasca de meteoritos. De tanto en tanto la azafata nos interrumpe para ofrecernos un menú de emergencia en caso de colisión. El científico intrigado por la sonrisa de oreja a oreja de la azafata le pregunta que como puede sonreír sin parar durante todo el viaje. La azafata sorprendida por la pregunta se pone a llorar por qué se acaba de acordar que es un robot y que puede reírse todo el santo día sin pestañear. El científico dándose cuenta de su metedura de pata le pide mil perdones, y para compensarla, promete llevarla al laboratorio de cerebros artificiales. Yo le digo que también soy un robot y que mi cometido es distraer a los científicos híbridos que trabajan en el espacio interestelar. El científico se me queda mirando, como diciendo que coño dice éste gilipollas. Yo no soy ningún semi robot o semi hombre, que vale que si que soy hermafrodita, pero que esa es otra cuestión me dice. Le digo que tranquilo que es una broma que soy monologuista.
Durante un rato no decimos nada, de vez en cuando aparece la azafata, como no, con una sonrisa de punta a punta. Hasta que al final el científico me pregunta qué tipos de monos estudio. Me quedo perplejo, no sé si seguirle la corriente o aclararle mi oficio. Llamo a la azafata y le pregunto a que se dedica un monologuista, el científico y la azafata se cruzan las córneas, ella medio dudando medio sonriendo dice que a estudiar los monos. Si claro digo, a estudiar los monos.
No hay duda el científico también es un robot , me equivoqué al pensar que era mitad mitad.

Volvemos a no decir ni pio durante otro rato, el suficiente para aterrizar en alguna parte de la luna y decirnos adiós sin demasiada pasión. Menos mal que la azafata, muy educada, me dice que me vaya bien con los monos.

Esta noche tengo una actuación en el centro de la capital lunar, en un bar para robots e híbridos, el local se llama Asimov y es muy conocido en toda la galaxia por las fiestas que organiza a famosos astronautas. Para hacer tiempo hasta la noche paso la tarde con una híbrida cedida por Asimov, y es que éste local tiene fama de cuidar al máximo a sus colaboradores cosa que confirmo sin fisuras, la híbrida está de miedo, pero lo que más me atrae de ella, lo que más me excita es su mente, su inteligencia, es una híbrida con una capacidad intelectual infinita. Enseguida ella se da cuenta de que no busco sexo, cosa que me agradece, y entablamos una apasionante conversación sobre la relación entre el sistema límbico y la corteza frontal. Así nos pasamos toda la tarde hasta que llega la hora salir pitando al Asimov. Ella me acompaña quiere verme.

Llegamos bien al local, a pesar de la borrasca de meteoritos, un chico muy amable me acompaña a mi camerino, me cambio, repaso el texto, me relajo, cago meo y salgo al escenario. En una de las mesas veo al científico alemán y a la azafata muy acaramelados, los dos me saludan muy discretamente. Creo que si conocen el ofico de un monologuista, seguramente me gastaban una broma. En fin, yo a lo mío, vamos allá:"Hay una cosa que nunca entendí, por qué diablos cada vez que tenemos que atravesar un suelo recién fregado lo hacemos de puntillas, la verdad no lo entiendo, si la vamos a joder igualmente........."

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