domingo, 9 de noviembre de 2008


Hay una baba enajenada en el lienzo, mis células son la boca pasmada. La mantequilla quema un discurso que sabe a cuba. Veo al papa en la tele beatificar una fotocopiadora. No puede ser cierto, estoy delirando, vuelvo a mirar. Ella se ríe, nos intuímos, asombrados, apasionados, casi locos.

Un óleo me susurra en el oido que la pinte tal como es, la tela llueve en mis manos un verso partido, salpico la pared de frases anónimas, la vida sin ti es lo mejor que tengo, ella posa, se exhibe con un toque de rojo. El pincel define, puedo acabar untado en una tostada, ella se arrasca, se moja los labios, bosteza un gesto pictórico. Azul oscuro, otra vez rojo intenso, un poco de negro, algún otro color básico, sus manos, ella asiente, se parece a la presentadora de la tele.

El estudio te hiela, no hay estufas, solamente una manta de cuadros, una cafetera, un montón de sexos y algo de cucarachas. Falta más azul, son tan grandes tus ojos que sacarían el primer premio en un concurso de ópticas. Estoy ebrio, hoy no bebo, bueno, un poquito, no se lo cree, cambia la pose, no te muevas, quédate así, de verdad, hoy no bebo. Mentira, beberé hasta percibir el abismo, hasta que un día puedas vender todos los cuadros sin mi permiso, hasta que un sueño se grabe en tu cintura.

1 comentario:

Alex Nortub dijo...

Me ha gustado el texto. La foto de Giacometti muy buena, me hago con ella para un futuro post sobre el genial escultor.