lunes, 24 de noviembre de 2008


Soy Picasso. En el siquiátrico me dicen que me olvide, que me tome la medicación y calle. Ya sé que las malas lenguas cuentan que era un arrogante, y que cuando visitaba los estudios de sus amigos, éstos escondían los lienzos para evitar el plagio. O que, en su etapa de trabajar con los tonos azules lo hacía por qué en ese momento era el pigmento más barato. Me importa un pito que tratara a las mujeres como simples objetos de creación, que las usara y tirara como un tampax, exceptuando unas pocas que supieron marginar las emociones y aprovechar las circunstancias.

Tengo un amigo que me ha regalado un telescopio, dice que para mirarme el cerebro de cerca, que no puede ser que siga con al misma obsesión, pero a la vez, admite que cada día que pasa me parezco más a él. Mi amigo se equivoca, agradezco su sinceridad e intención, pero yo no me parezco a Picasso, soy Picasso. Vale de acuerdo, no pinto como él, de momento, pero todo llegará. Esta mañana le he enseñado el estudio a mi amigo. Está en el pabellón seis, mi médico me ha montado un estudio, es un tipo genial, cree en mi. Cuando le cuento que soy la reencarnación de Picasso él asiste diciéndome "claro que si muchacho, pero no te olvides tomar las pastillas".

Hay una enfermera, es algo mayor, pero es la mejor chupándola, pero esta es otra cuestión que no viene al caso, como decía, Clara, que así se llama, me cuenta que ha leído en Internet que Picasso no tenía ni idea de dibujar, pero que era un genio jugando con los colores y las ideas, sin olvidar algo de que entonces no existía, al menos, como concepto, el marketing. Tenía a su servicio a las personas adecuadas, marchantes, mecenas. Todo un tinglado montado para glorificarle. yo ya le digo a clara que no se fíe de Internet, que dice muchas mentiras, y qué prometo invitarla a todas las inaguraciones y fiestas cuando el mundo entero sepa que Picasso a vuelto. Clara asiste sonriente mientras me da la medicación.

martes, 18 de noviembre de 2008


Tengo un submarino volador
se alimenta con de tres gotas de jazz
y es capaz de volar de un instante
a un lamento
y de un lamento
a las piernas más largas de este mundo

soy marinero de chupitos botánicos
y cuando aterrizo en la barra de un bar
atraco en el jardín de una negra californiana
que me recita la constitución americana
yo hago lo que puedo
es decir
dibujarle asteroides asimétricos
indagar sus nalgas contra la pared
expandirle la vía láctea
hasta que ya no puedo más
y me muera de sueño al revés

tengo un submarino volador
con una negra que toca el saxo
una negra con alas de ángel
que me absorbe en un santiamén
como un agujero negro

yo me dejo
que remedio
soy humano
como mi submarino volador

jueves, 13 de noviembre de 2008



Si las bacterias son besos, estoy gravemente infectado, me las imagino armándose en mi lengua, impacientes por entrar en acción, al principio solo son colecciones desordenadas que guardaba en algún apartado lugar de la garganta, pero ahora, se han convertido en inmensas multinacionales inquietas, valientes, agresivas.Puedo notar como me hacen cosquillas cada vez que un beso les abre camino, las imagino caminar en fila india, orgullosas, con sus armaduras plateadas, listas para cumplir las órdenes. La expectativa de una herida amorosa son su mayor felicidad.

Es extraño, cuando beso, se refuerzan pareciendo inocuas casi invisibles si no fuera por ese agradable cosquilleo que las delata, pero si los besos desaparecen atacan, te arrancan el corazón haciendo palanca con una cicatriz mal cerrada. Y encima se multiplican, son autosuficientes, me rodean, mis glóbulos se rinden, tiran las espadas y los escudos, y entonces, la fiebre me achicharra la piel obligándome a desaparecer bajo las contraindicaciones de un médico con acento de medio loco, que no hace más que recetarme pastillas con sabor a reestructuración química. Antes tomaba antibióticos pero mis bacterias, mis amadas bacterias se descojonaban con ellas.

No soy demasiado optimista, admito que he barajado la posibilidad de visitar una medium para que se ponga en contacto con mis bacterias, pero creo que la idea es descabellada. El médico dice que la solución es clara, dar con un beso prolongado, como si fuera tan fácil, tan sencillo ir a cualquier local de deseos flotantes con una pizca de música brasileña, presentarme a la primera morenaza y explicarle que necesito su beso prolongado para acabar con las bacterias, pero que sin embargo, al acabar con las bacterias estoy renovando a la vez los recursos de éstas con el nuevo beso. Menudo lío, qué pensaría la pobre chica de mi, que me he escapado de un siquiátrico en reformas, que los tíos ya no saben que coño hacer para ligar, o por qué no (tengo derecho a soñar), se moriría de risa y me contará lo original que le parezco, tanto que me atraparía la cabeza entre sus manos y sus labios.

Otra posibilidad, consiste en alquilar los servicio de una enfermera de carretera, por que nos nos engañemos, yo lo que necesito es una enfermera no un idilio. Y eso hago, recorrer las carreteras donde las enfermeras se prestan a setenciar un tratamiento corto pero intenso, pero hay un problema, los precios son carísimos, por un beso largo te piden una hipoteca a cuarenta años, no estoy dispuesto a pasar por ahí, prefiero que las bacterias me conviertan en estiércol, aunque sé que no lo harán, por qué si no se les acaba el chollo.

Desesperado vuelvo al médico, sabiendo que su discurso me sonará a una factura pintada de palabras redundantes. Y le insisto en que un beso prolongado debe darse por amor a mis bacterias y no como remedio a una infección casi incurable. Entonces el médico en un acto que no llego descifrar (nunca he sido bueno con los jeroglíficos) se sienta sobre mis piernas, me dice relájate, déjate llevar. Y me dejo llevar en un beso largo, profundo, sinónimo de una nueva experiencia, sé que enamorarme de un médico más loco que yo no es la mejor opción pero me lo han pedido mis dulces bacterias, y yo, con tal de hacerlas felices hago lo que sea.

domingo, 9 de noviembre de 2008


Hay una baba enajenada en el lienzo, mis células son la boca pasmada. La mantequilla quema un discurso que sabe a cuba. Veo al papa en la tele beatificar una fotocopiadora. No puede ser cierto, estoy delirando, vuelvo a mirar. Ella se ríe, nos intuímos, asombrados, apasionados, casi locos.

Un óleo me susurra en el oido que la pinte tal como es, la tela llueve en mis manos un verso partido, salpico la pared de frases anónimas, la vida sin ti es lo mejor que tengo, ella posa, se exhibe con un toque de rojo. El pincel define, puedo acabar untado en una tostada, ella se arrasca, se moja los labios, bosteza un gesto pictórico. Azul oscuro, otra vez rojo intenso, un poco de negro, algún otro color básico, sus manos, ella asiente, se parece a la presentadora de la tele.

El estudio te hiela, no hay estufas, solamente una manta de cuadros, una cafetera, un montón de sexos y algo de cucarachas. Falta más azul, son tan grandes tus ojos que sacarían el primer premio en un concurso de ópticas. Estoy ebrio, hoy no bebo, bueno, un poquito, no se lo cree, cambia la pose, no te muevas, quédate así, de verdad, hoy no bebo. Mentira, beberé hasta percibir el abismo, hasta que un día puedas vender todos los cuadros sin mi permiso, hasta que un sueño se grabe en tu cintura.

martes, 4 de noviembre de 2008


Robo misas
entro en las sacristías
a media noche
sigilosamente
de puntillas
como una bailarina clásica
como nureyev cuando marcaba paquete
entre salto y salto
si tengo tiempo
al salir
rezo un sexo nuestro que estás en los cielos
me relaja

por la mañana temprano
vendo las misas
a un obispo gordo
de mirada dulce e inquietante
guardo las distancias
por si acaso me ve como a un niño
paga bien
es lo que importa
no sé que hace con las misas
tampoco me importa
yo simplemente soy un vulgar ladrón
que trafica con la fe
como él