martes, 2 de septiembre de 2008

He vendido a mi suegra, no es que fuera una mala mujer, la que era mala requetemala era su hija, es decir mi ex. No había forma de sacármela de encima. Lo había intentado todo, presentarle a los tíos más guapos del barrio, presentarle un justificante médico de mi impotencia, follarme a todas sus amigas, incluida a P. que es la tía más fea que he visto en mi vida, arruinar a su padre en un negocio de insecticidas para osos de peluche. A tal extremo llegué, que monté una granja de sicópatas especializados en novias insoportables pero nada de nada, solo me gané una felicitación de homicidios por haber extinguido una especie muy peligrosa.

Menos mal que tengo un amigo muy sabio y culto que estudió química en un laboratorio de colombia, luego se vino aquí y se montó su propio negocio, le va la mar de bien. Pues me dio una idea genial. -Oye por qué no te vendes a tu suegra, tengo unos socios que necesitan experimentar nuevos medicamentos contra la monotonía-. ¡Si señor! Me abrió los ojos. Y eso hice, les vendí a la suegra y de regalo a la ex (por qué mi ex no hace otra que idolatrar a su madre y allá donde vaya la mami va ella).

El único problema de todo esto es que mi amigo no era tan amigo como yo creía, me refiero a que éste tipo de amigos siempre te acaban por pedir algo a cambio. Un día cuando el sol estaba apunto de perderse de vista sonó el teléfono, era él. -Tienes que hacerme un gran favor, no confío en nadie más- Me dijo. No pude negarme y le hice el favor de hacerme pasar por él muerto, me prometió que sólo estaría fiambre un par de días, pero la cosa se alargó y llevo treinta años bajo tierra, empiezo a pensar que me ha tomado el pelo.

1 comentario:

letras de arena dijo...

Totalmente demencial. Si que sale caro vender a la suegra. A veces lo había pensado pero visto lo visto, más vale que deje el producto en la tienda.
Un abrazo