martes, 22 de julio de 2008



Toca las inquietudes del último trago, se anestesia el cutis con un saxo.

La calle se esnifa casi sola, el agua desfila victoriosa por una avenida de precipicios. Alguien que camina lo ve bañándose sobre el asfalto, medio vivo medio nada. Tira una moneda. El saxo asiente, desafina.

Una sirena pasa y le salpica una negra con los labios erosionados. La negra le guiña la luna rota. El saxo se calienta se hincha, las hormonas muertas de asco se alborotan, están tan desentrenadas que no saben, dudan. La negra le cuenta una tarifa por capítulos que acaba con el saxo desinflado. La negra insiste, le besa el saxo gratis como anticipo, las hormonas se espabilan y se van de fiesta con la negra, otra vez se hincha para siempre topar con un trago que le devuelve a la realidad.

Y así, sucesivamente, se hincha se deshincha se hincha se deshincha. La negra se entrega al saxo, a su melodía, a su impotencia, lo da todo, el culo, la boca, las manos, el ombligo, la tesis doctoral que nunca acabó, el marido que le prometió amor eterno en el sexo de otra, la paliza de un poli racista, todo lo entrega. El saxo explota, mancha la lluvia, la cicatriz de un chulo.

Las hormonas ya no pueden más, el saxo se calla, el saxo le paga, pero la negra no quiere monedas, pretende un trago que le anestesie el cutis.

1 comentario:

letras de arena dijo...

"Anestesia para el cutis".Bárbaró! Me ha gustado mucho.
Un saludo.