martes, 22 de julio de 2008



Toca las inquietudes del último trago, se anestesia el cutis con un saxo.

La calle se esnifa casi sola, el agua desfila victoriosa por una avenida de precipicios. Alguien que camina lo ve bañándose sobre el asfalto, medio vivo medio nada. Tira una moneda. El saxo asiente, desafina.

Una sirena pasa y le salpica una negra con los labios erosionados. La negra le guiña la luna rota. El saxo se calienta se hincha, las hormonas muertas de asco se alborotan, están tan desentrenadas que no saben, dudan. La negra le cuenta una tarifa por capítulos que acaba con el saxo desinflado. La negra insiste, le besa el saxo gratis como anticipo, las hormonas se espabilan y se van de fiesta con la negra, otra vez se hincha para siempre topar con un trago que le devuelve a la realidad.

Y así, sucesivamente, se hincha se deshincha se hincha se deshincha. La negra se entrega al saxo, a su melodía, a su impotencia, lo da todo, el culo, la boca, las manos, el ombligo, la tesis doctoral que nunca acabó, el marido que le prometió amor eterno en el sexo de otra, la paliza de un poli racista, todo lo entrega. El saxo explota, mancha la lluvia, la cicatriz de un chulo.

Las hormonas ya no pueden más, el saxo se calla, el saxo le paga, pero la negra no quiere monedas, pretende un trago que le anestesie el cutis.

viernes, 11 de julio de 2008


Cuando me muera quiero que me quemen. Y qué tiren mis cenizas sobre el tejado del club conchi. Es ahí donde he pasado los mejores años de mi vida. Ya he quedado con conchi para cuando suceda lo inevitable, ella se encargará de llamar a mis buenos amigos y de dispersar las cenizas sobre el tejado.Los amigos son pocos, la misma conchi, que tan bien me ha tratado en los buenos y malos momentos. Julio, mi camello de toda la vida, un tío legal. Vanesa, la tía que ostenta el récord guinnes de mamadas, no hay una boca igual en todo el barrio. Pedrito, él me enseñó qué el culo ofrece mil posibilidades. Y por último, el abuelo Matías, mi maestro, él me enseñó a beber, a robar, a no trabajar y a vivir del cuento, en definitiva mi guía espiritual.

He preparado un discurso, breve, lo leerá conchi que para eso tiene estudios. Respecto a la herencia, se lo dejo todo al convento de las monjas sufridoras de san Patricia, ellas supieron escucharme y darme cobijo en sus camas, ellas me dieron amor, comprensión, y yo, les dí la oportunidad de ver a Dios de cerca, ellas sólo tenían que hacer una cosa, separar las piernas y rezar, yo hacía el resto. Bueno me voy a ver al notario, por una vez voy hacer las cosas dentro de la legalidad, no vaya a ser que el estado se quede con lo que en que su día fue suyo y que por circunstancias diversas pasó a ser mío.