lunes, 16 de junio de 2008


He comprado un cementerio, con eso de la crisis están baratos. El de la inmobiliaria me ha asegurado que todos los muertos tienen los papeles en regla, que ninguno es ilegal. Lo primero que voy hacer es empapelar las paredes de flores y el suelo de parquet del bueno, de madera de cerezo. Todo para ofrecer una buena imagen a los clientes. Después, convocaré una reunión con los jefes de departamento y sección. Dejaré las cosas bien claras. Quiero resultados, no es excusa que estén muertos, se acabó el chollo. Todos a producir, el que no esté a la altura lo despediré sin vacilar.

Para tenerlos bajo control he contratado a un médium inglés que me han dicho que es el mejor, con el pastón que le voy a pagar ya puede serlo. Eso si, los tiene a rajatabla, no se libra un puto muerto de sus broncas. No puede dejar que un muerto te suba a las barbas. Ayer, sin ir más lejos, un muerto llamado C. le dijo que tenía fiebre, que haber si podía irse a la tumba a descansar. Obviamente le dijimos que sin un justificante médico no había nada que hacer. Aquí tenemos todas las de ganar, por qué ningún médico le va a dar la baja a un tipo que se murió hace veinte años por una indigestión de suegra.
Todo iba bien hasta que se presentó una sindicalista republicana errante que fusilaron a finales del 39. Montó un comité y un mitin.- Os están explotando como animales, os están tratando como basura ¡Compañeros a la huelga!- Dijo la muy cerda ¡Pero qué más les da, si están muertos! Hasta donde yo sepa los muertos ni piensan ni sienten ni comprenden. Lo único que tienen que hacer es trabajar trabajar y trabajar.

En fin, que fueron a la huelga, que me arruinaron el negocio. Menos mal que me cubrí las espaldas con el aval de un obispo y ahora es él el que tiene que dar la cara. Yo me declaré insolvente y desaparecí con la sindicalista republicana, si, me enamoré de ella, no sé como pasó, pero un día sin más, después de un mitin quedamos para ver si podíamos llegar a un acuerdo. Acabamos en un hotel de mala "muerte" firmando los acuerdos oral y analmente para que quedara constancia. Y que el dueño del hotel, extrañado por los días que hacía que no salíamos de la habitación fue a ver que pasaba. Y allí nos encontró, cogidos de la mano, mientras los gusanos bailaban una rumba sobre nuestros corazones.

1 comentario:

Buddy Silverton dijo...

Ja, éste no está mal. Sobre todo el final.