jueves, 24 de abril de 2008


Ayer me dijo que me dejaba, qué sus amantes le exigen más que yo, y que esa exigencia se transforma en sufrimiento, es decir en amor. Por dentro salté de alegría, pero por fuera me hice la víctima.

No sé por qué nos pasamos la vida fingiendo lo que no sentimos, seguro que cuando esté en mi lecho de muerte fingiré no morirme.

En mi puesta en escena intente hacerle ver que sus amantes solo la querían por su cuerpo, por su sexo, qué les importaba un comino su inteligencia, su sensibilidad, su mirada peculiar. Ella me miró, me acarició el moflete mojado con lágrimas ficticias y me dijo que yo no lo podía entender, qué ella sabía que solo la querían para tirársela casi todas las noches y que no quería seguir haciéndome daño, qué no podía seguir con esta dualidad. Me dijo qué me adoraba, qué me amaba por encima de cualquier cosa, y que por eso me dejaba para no hacerme sufrir, lloré sobre su hombro (mentida podrida, mientras apoyaba su cabeza en su hombro me estaba acordando de que me había olvidado los huevos en el súper). Le supliqué que se quedara, qué tanto me daba el número de amantes que tuviera. Ella sonríe y me dijo qué era una buena persona. Cogió sus cosas y se marchó.El responsable de casting se acercó a mí, bien, me dijo, ya te diremos alguna cosa el viernes, has estado bien.

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